Apuntes

Cosas que tal vez solo me interesan a mi. Y no puedo poner acentos.

Redes sociales y su impacto

Afirmar que el impacto de los medios de información acaba al finalizar el contacto directo con ellos sería reduccionista. La influencia de la televisión no acaba con apagarla y lo discutido en las redes sociales no sólo permanece en una esfera virtual si no que se concreta en pláticas cara a cara, actitudes, tomas de decisión y hechos concretos.

Como usuaria de estas redes virtuales puedo ser testigo de que los argumentos y la información obtenida por este medio han sido herramientas para discusiones cara a cara en muchas ocasiones, también es innegable el papel de estas como vínculos sociales novedosos: por Twitter he conseguido amigos, sangre para donaciones, fiestas y recomendaciones de libros y cine.

Sin embargo en mi artículo, más que disminuir el papel de las redes, lo que pretendía era hacer una invitación a volver de estos nuevos espacios unos más críticos y con informadores y analistas más responsables, estos somos nosotros. La democratización de la información que permite el internet nos da una mayor libertad y nos permite no sólo enterarnos en tiempo real de los sucesos si no comentarlos, y debatir y expresar puntos de vista con mayor alcance que antes de la existencia de estas redes y espacios virtuales. Esta libertad también viene acompañada de una responsabilidad por intentar publicar información veraz, ser más críticos en nuestro análisis y no caer en la ingenuidad y pasividad que puede caracterizar a los consumidores de información de medios tradicionales. Mi texto era una invitación a ser críticos incluso con estos nuevos espacios que en mi opinión se encuentran un tanto idealizados. El que sean independientes no implica que sean críticos en sí mismos, los críticos debemos ser los usuarios. El que sean gratuitos no significa que estén al alcance de todos, al final hay una parte de la población que no tiene acceso directo a ellos. El que representen nuevos discursos y nuevas maneras de enfrentar problemáticas sociales, económicas y políticas tradicionales no los convierten en la única alternativa.

Mi crítica estaba centrada en esta especie de idealización de las redes sociales que permite hacer afirmaciones como que una encuesta realizada en Facebook refleja el ánimo nacional y entonces el resto de las encuestas mienten. Me parece irresponsable e incluso peligroso.

Al final, puede que Ana vaya al doctor recomendado por tu hermano sin saberlo. Pero, si hiciéramos una encuesta en Twitter y ese médico resultara el preferido por los cibernautas ¿te atreverías a afirmar que es estadísticamente sólido inferir que es el médico preferido por 112 millones de mexicanos? Me imagino que no, y eso es justo lo que yo trataba de argumentar.  En estos días Silva-Hérzog publicó en su blog un texto que creo que expresa ,de mejor manera, algunas de las cosas que yo quería decir: “El activismo escenifica las intensidades de la opinión pública pero no la sintetiza. Expresa bien el engranaje de las maquinarias partidistas o la pasión política, pero no es abreviatura del universo electoral. Quienes llenan la plaza se convencen fácilmente de que ahí se expresa la nación verdadera, que las consignas que repiten son la voluntad popular, que la solidaridad descubierta en la festividad de la política tiene la fuerza de cambiar la historia. No suele ser así. La urna suele refutar a la plaza.”[1]Prueba de estos argumentos es la victoria de Rajoy a pesar del movimiento de indignados de Madrid y lo que argumenta Daniel Soto: la tercera posición para el preferido por los revolucionarios digitales en los comicios de Egipto. México, y el mundo, sigue siendo una realidad compleja y muy heterogénea, y para cambiar esta realidad hacer falta información, discusión, activismo y compromiso: en las redes y en las calles. Las redes jugaron un papel importante en el triunfo de Obama y resultaron medios de información, organización y vinculación importantísimos tras el sismo en Japón. En la llamada Primavera Árabe las redes fueron semilleros de organización y foros para el debate, la denuncia y la organización.  Sin embargo, como expone Javier Valenzuela en su Desencanto árabe 2.0[2], las redes fueron importantes como un nuevo vínculo, rompieron con el aislamiento impuesto por los regímenes autoritarios y dictatoriales de Medio Oriente y se presentaron como una nueva manera de construir relaciones y evadir los obstáculos a lo colectivo impuestos por regímenes cuyo poder en muchos casos descansa en la polarización y el silencio de una sociedad completamente pasiva. Sin embargo, el mismo Valenzuela argumenta que son aún insuficientes para esperar de ellas cambios reales; al final, para derrocar a los tiranos árabes fueron necesarias protestas en la calle, muertos, heridos y violencia.

Estoy contigo en la defensa de estos nuevos espacios, de las discusiones y movimientos que ahí se gestan y de los vínculos que de estas surgen, prueba de esto es el valor que doy a esta discusión, a tu respuesta y a las críticas y comentarios que alrededor de una reflexión se provocan. Como defensora de las redes sociales invito a un trabajo por que éstas sean mejores espacios informativos y de discusión.

 



[2] Valenzuela, Javier. Desencanto árabe 2.0. El País. Domingo 4 de marzo de 2012.